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LAS DOCE HERMANAS
Jataka en Canon Pali

Jataka Digha Nikaya
Las Tres Pitakas Majjhima Nikaya

 

RELIGION
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Budismo Theravada
Maitreya
Canon Pali
Vassa

La leyenda de Las Doce Hermanas o Las Doce Señoras es un cuento popular del sureste asiático basado en un cuento de Jataka. Se trata de uno de las historias de las vidas anteriores de Buda en el que Rathasena, el hijo de una de las doce mujeres, es el bodhisattva.

Es una larga historia sobre la vida de doce hermanas abandonadas por sus padres y adoptadas por una ogresa disfrazada de una hermosa dama. El final es la triste historia de amor del único hijo sobreviviente de las doce hermanas, Rathasena con Manora, la hija adoptada de la ogresa Sundara. Al final los dos mueren junto a la solitaria y larga orilla de un lago.

Estatua de una hembra ogro en el centro de Bangkok
Estatua de una hembra ogro en el centro de Bangkok,
uno de los principales personajes de esta historia,
noviembre 1999, Xufanc

 

Versión Tailandesa de la leyenda

Hace mucho tiempo, había un rico comerciante y su bella esposa quienes vivían felizmente en una gran casa. A pesar de su buena fortuna, la pareja no tenía hijos. Un día, se fueron juntos al templo e hicieron una ofrenda de doce plátanos al árbol de los espíritus (normalmente representado como una mujer joven simbolizando la fertilidad). No mucho tiempo después, la mujer se quedó embarazada y el hombre rico deseó con todas sus fuerzas que fuera niño, pero su esposa dio a luz a una niña.

Su mujer, sin embargo, concibió otra vez y otra vez. Ella se quedó embarazada doce veces y cada vez tenía una niña. En ese tiempo su negocio comenzó a ir mal, desde que los barcos que llevaban su mercancía para que fuera vendida en otros países fueran robados varias veces. Por ultimo, el rico comerciante terminó pidiendo prestado un montón de dinero de sus amigos tratando de arreglar sus problemas de negocio. Sin embargo, no importaba que hiciera porque la familia era cada vez más pobre.

Al mercader le resultaba demasiado duro alimentar a tantas bocas. Así que planeó abandonar a sus hijas en el bosque. Él no contó su plan a su esposa, pero su hija más pequeña, llamada Phao, le escuchó. Cuando su padre les dejó solos en el bosque profundo, las doce hermanas fueron capaces de encontrar el camino de vuelta a casa gracias a su hermana pequeña quien dejó marcas en el camino. Pero su padre lo intentó de nuevo y esta vez ellas no pudieron encontrar el camino de vuelta. Las hermanas pasaron días caminando e iban cada más y más dentro del bosque, y estaban realmente hambrientas. Sus padres les habían dado doce paquetes de arroz, pero cuando abrieron los paquetes vieron que once de ellos estaban llenos de arena y sólo uno tenía arroz. Las hermanas compartieron el poco arroz y lo comieron llorando y lamentando su desgracia. Vagando sin rumbo fijo, las doce chicas llegaron hasta un lago, en donde trataron de capturar peces para poder saciar su hambre. Cada una de las hermanas consiguió capturar un pez y once de ellas en bromas sacaron los dos ojos del pez, exceptuando la más joven que no pudo sacarle más que uno.

Finalmente llegaron al reino yaksha, donde una mujer ogro llamada Santhumala vió a las jóvenes agotadas y demacradas descansando bajo un árbol y decidió adoptarlas. La ogresa se transformó en un ser humano, en una mujer de aspecto agradable y llevó a las doce hermanas hasta su casa. Durante muchos años, ella les trató como si se trataran de sus propias hijas y las cuidó hasta que crecieron en hermosas mujeres jóvenes.


Un día, mientras Santhumala estaba cazando, las doce hermanas conocieron a un anciano quien les dijo que Santhumala no era humana, sino una ogresa que le gustaba comer a jóvenes como ellas. Así pues las hermanas huyeron del reino de la ogresa y deambularon durante días hasta que llegaron a un río donde tomaron un baño para refrescarse. El rey local vio a las doce hermanas jugando en el agua y se enamoró de ellas. Es por ello que las llevó al palacio y se casó con las doce.

Cuando Santhumala regresó a su casa y encontró que las jóvenes se habían ido montó en cólera. La ogresa rápidamente se enteró donde se encontraban y se transformó en una hermosa joven, mucho más guapa que cualquiera de las doce hermanas, y fue a la ciudad del rey pidiendo un encuentro con él. El rey se quedó hechizado por la belleza de Santhumala y rápidamente se casó con ella llevándola al rango de primera reina. Celosas por el favoritismo del rey, las Doce Hermanas eran poco amables con la nueva reina. A pesar de que las hermanas eran amables con ella delante del rey, a menudo eran crueles en privado. Para vengarse de las Doce Hermanas, Santhumala, la reina favorita, fingió enfermedad y el rey se preocupó. Entonces ella le dijo al rey que la causa de su enfermedad era el maltrato de las otras doce esposas, y lo único que curaría su enfermedad sería una medicina destilada de los ojos de las Doce Hermanas.

El rey estaba tan enamorado de Santhumala que asintió. Bajo sus órdenes mandó que arrancaran los ojos de las doce esposas, pero a la más joven sólo se le quitó uno. Después de hacer esto, las Doce Hermanas fueron desterradas a una cueva profunda y oscura desde la cual no había forma fácil de salir. El rey dio instrucciones de no dar ningún tipo de alimentos a las hermanas y no ayudarlas de ninguna manera.

Las doce hermanas estaban embarazadas y sucesivamente fueron dando a luz a los bebés, pero todos ellos murieron. Ya que las mujeres estaban muertas de hambre bajo las estrictas órdenes de Santhumala, cada una de ellas cortó el cuerpo de su bebé en doce pedazos y repartió cada parte entre sus hermanas para que las pudieran comer. Phao, la hermana pequeña, dio a luz un pequeño bebé que estaba vivo, y le mintió a sus hermanas diciéndoles que estaba muerto. Le llamó al niño Rothasen y le cuidó muy bien. Cuando el niño creció encontró una salida secreta de la cueva profunda. El niño tenía un gallo que puso a pelear, y ganó todas las peleas. Con el dinero que ganó compró arroz y de ahí en adelante llevó regularmente comida a su madre y a sus once tías. Con los años Rothasen se convirtió en un apuesto joven. Cuando el rey oyó hablar de él, le invitó al palacio donde jugó al juego de los dados con el monarca, mostrando gran habilidad.

Santhumala descubrió que las doce hermanas estaban vivas y se enojó bastante porque su plan para deshacerse de ellas había fracasado. Otra vez fingió enfermedad y le dijo al rey que únicamente cierto fruto que crecía en su reino podría curarla. También le dijo al rey que sólo Phra Rothasen sería capaz de recoger ese fruto. Entonces le escribió a su hija adoptiva Meri la siguiente carta en el idioma de los ogros: “Si este joven llega a nuestro reino por la mañana debes devorarlo por la mañana, pero si llega por la noche debes devorarlo por la noche”, carta que debía entregar Rothasen nada más llegar.

En el camino hacia el reino Phra Rothasen se encontró con el viejo Rshi, quien le dio un caballo volador llamado Pachi para que lo montara y le diera hospitalidad. Mientras el muchacho dormía el sabio alteró el significado de la carta sustituyendo la palabra “devorarlo” por la de “casarse con el”.

Así pues, cuando él llegó al reino de los ogros, Phra Rothasen se dirigió directamente hacía Meri y le mostró la carta. Meri se quedó sorprendida y muy complacida al ver al joven virtuoso, con aspecto tan atractivo, y se enamoró de él, celebrando la boda inmediatamente como se le indicaba en la carta.

Meri era una mujer hermosa y de buen corazón, y Phra Rothasen vivió con ella feliz durante un tiempo, pero se acordó de su madre y sus tías quienes todavía permanecían en la oscura cueva. Mientras le estaba mostrando el palacio, Meri le habló a Rothasen sobre ciertas medicinas mágicas que guardaba en habitación cerrada incluyendo los ojos de la madre de Rothasen y los de sus tías. Entonces Rothasen tuvo un plan para conseguir dormir a Meri haciéndole beber vino y así poder coger los ojos de su madre y de sus tías. Así pues una noche, después de que Meri durmiera, Phra Rothasen le robó muchos medicamentos y los ojos de la habitación cerrada. Meri despertó y miró hacia su marido pero le vio lejos montando su caballo volador. Entonces ella de repente se convirtió en un gigante y siguió a Phra Rothasen llorando y llamándole con todas sus fuerzas. Para detenerla, Phra Rothasen tiró una rama mágica que se convirtió en un gran espacio entre ellos, un profundo lago y una alta y gran montaña. Al ver que su marido escapaba de ella gimió con desesperación, pidiéndole que por favor parara. Phra Rothasen, conmovido por sus tristes gritos, le respondió que volvería después de terminar una misión urgente. Y Phra Rothasen voló y dejó a Meri con el corazón destrozado y llorando amargamente en la orilla del lago.

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Thra Rothasen regresó a la ciudad y mató a la malvada Santhumala con un palo mágico. Entonces fue a la oscura cueva y sanó los ojos de su madre y de sus tías poniéndoselos en su lugar y dándole un ungüento mágico. Su madre y sus tías dejaron la cueva y recuperaron su antiguo estatus con el rey. El rey le invitó a vivir otra vez en el palacio pero Phra Rothasen les dijo que debía volver rápidamente con Meri, quien le estaba esperando.

Pero durante ese tiempo Meri había muerto de tristeza. Durante su larga espera había derramada tantas lágrimas que se había vuelto ciega. Antes de morir, ella juró solemnemente que seguiría a Phra Rothasen en todas sus futuras reencarnaciones. Entonces murió con su abuela llorando a su lado y rodeada de sus sirvientes.

Cuando Phra Rothasen llegó al reino de los ogros, se dio cuenta que era demasiado tarde. Le contaron el juramente que Meri había hecho y se llevó el cuerpo de su esposa. Lleno de tristeza por haber perdido todo, cayó muerto mientras mantenía a su esposa en brazos. Finalmente, sus espíritus volaron juntos hacía su próxima reencarnación donde se unirían otra vez.


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